¿Realmente sabes qué es “El duelo”?

Cuando nos encontramos ante una pérdida de cualquier “objeto”, el duelo se hace presente. Lo podemos experimentar alrededor de cuarenta y setenta veces a lo largo de nuestra vida, es un proceso racional, consciente e inevitable el cual se genera por muchas razones. Podemos entender al “objeto” no sólo como una cosa, sino también como una persona, una idea o un ideal.

Pero, exactamente, ¿de qué hablamos cuando hablamos de duelo?, esta palabra proviene del latín dŏlus, que significa dolor; es el principal sentimiento que experimentamos junto con sufrimiento y angustia, una trilogía perfecta para llevarnos hacia la tristeza.  

Para la psicología, es un proceso donde existe una reacción de la mente ante una pérdida o cuando un vínculo afectivo se rompe, dando lugar al dolor. Tomemos en cuenta que, durante este proceso, existe una alteración emocional y de conducta que está relacionada con el sufrimiento y la angustia que estamos viviendo en ese momento; sin embargo, también podemos presentar drásticos cambios físicos, mentales y sociales.
Ante esta pérdida de nuestros seres queridos u cualquier otro “objeto amado”; refiriéndonos a todo aquello preciso o abstracto; que fue o sigue siendo muy importante para nosotros y sentimos que se nos escapa como agua entre las manos, debemos entender que tal situación que nos desconcierta, nos afecta directamente en todo nuestro entorno. Definiciones muchas, realidades pocas, ya que este proceso sociocultural, dependerá de factores indefinidos para cada uno de nosotros como veremos a continuación.

¿CÓMO Y CUÁNDO SE DA EL DUELO?

Podemos decir que existen dos tipos de pérdidas. Por un lado, encontramos las que son accidentales; es decir que pueden o no ocurrir; son inesperadas, y pueden suceder en cualquier momento como: despido sorpresivo; un accidente que nos quita a un ser querido; una mascota; cambios en tu salud, incluso todo aquello subjetivo inimaginable.
Por otro lado, están aquellas que son inherentes al proceso evolutivo y que suelen darse en algún momento particular del desarrollo como: concluir la escuela; irse de la casa de los padres; terminar una relación; una mudanza; un cambio de trabajo; o la jubilación…

Todos estos son momentos de nuestra vida que nos llevan a tener que aceptar que algo se perdió y que seguramente, ya no va a volver a estar más en nuestra vida. Luego, quedarán lugares vacíos, en donde debes aceptar, y aprender a vivir sin ellos, y eso es dolorosamente cierto y quien diga lo contrario debes saber que te está mintiendo.

EL DUELO Y EL TIEMPO

Hay mil preguntas y sentimientos abiertos ante una perdida, pero la que nos acontece en este momento, es la del ser amado familiar o amigo ya que es el más difícil. Los sentimientos y circunstancias que acompañan este proceso influyen para que se prolongue en el tiempo, pero nunca debemos de dejar de afrontar la realidad, por dolorosa que esta sea, para que así se nos haga menos difícil el encontrar los mecanismos necesarios para salir adelante y de esta manera no afectar nuestro entorno y a los que nos rodean.

Justo cuando estemos viviendo la pérdida de un ser querido, pareciera que, podemos lidiar con el suceso bastante bien; particularmente entre la muerte y la despedida; incluso semanas después, podemos seguir con nuestras actividades, intentamos a veces con éxito insertarnos en actividades que nos mantiene distraídos, pero somos unos malos mentirosos, ya que cuando estamos en vigilia, nos llegan los momentos difíciles, empezando por los momentos de soledad con uno mismo, las fechas especiales o los recuerdos con ellos vividos, a medida que pasa el tiempo, el dolor no disminuye, pero lo digerimos mejor, sin embargo, hay momentos en los que fluirá con toda su fuerza cuando menos lo imaginemos.
Sin temor a equivocarme, recordar es vivir, y estos recuerdos, siempre estarán aderezados de dolor. En estas circunstancias, debemos procesar que no debemos llegar a perder el interés por el mundo exterior, pero debemos resignarnos y e intentar manejar, de la menor manera que podamos, este duelo en todas sus facetas que describiremos en nuestro próximo artículo.

Y aunque algunos autores describen que tenemos un tiempo estimado para superar el dolor, en la mayoría de los casos es poco realista; mi posición ante el duelo, es que este proceso es único y personal. Todos debemos entender que necesitamos consuelo, ya sea religioso, psicológico incluso esotérico, y se necesita tanto tiempo como sea necesario. Recordemos que, nadie puede ni debe obligarte a “superar” una pérdida rápidamente; lo más importante es que seas paciente y comprensivo contigo mismo.

Los factores que contribuyen en el tiempo para sanar este proceso, mismos que te llevarán a sentirte mejor, deberán estar ligados a todos tus vínculos afectivos, redes sociales, incluso aquellos que siempre te han hecho feliz, el deporte, el cine o el juego, con el objetivo de no dejarnos abordar en el dolor como un círculo vicioso. Otro factor, es la visión que tenemos de la muerte, por ejemplo, cuando tenemos esperanza en una vida futura como el "cielo", en la religión cristiana, la experiencia negativa de la pérdida se disminuye; o el Budismo Zen donde la muerte es solo el principio de otra vida que se repetirá hasta llegar al nirvana; o ser motivo de alegría y celebración, tal como ocurría en el México prehispánico.

No estás sólo en este camino, el proceso al enfrentarte ante cualquier pérdida, no es fácil. Es prácticamente imposible poder evitarlo, porque es algo inherente a la vida. Cierra cada ciclo, no importa que tan absurda pueda parecer una pérdida, si para ti es importante, entonces lo es; y debes darte tu tiempo para sanar cada situación y evita evitarla, porque puede ser contraproducente para ti y los que te aman, pero sobretodo afecta directamente a tu salud.

Psic. Karo Barrera
www.psicologiaentuidioma.online

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13-06-2021